La Ruta Sagrada de Jíkuri

Este proyecto tiene el objetivo de proteger “La Ruta del Jíkuri (Peyote)” por medio de la conservación y protección de los territorios donde este cactus es colectado. El proyecto busca recopilar toda la información y acuerdos necesarios de las autoridades gubernamentales y comunidades involucradas a efecto de proponer su protección como patrimonio cultural tangible e intangible.

Se puede solicitar la protección a varios niveles: al municipio, al estado de Chihuahua, al gobierno federal y a la UNESCO. La condición de Patrimonio Cultural Protegido es importante, pues permite la conservación y protección tanto de la especie (Lophophora Williamsi), como de la práctica cultural de recolección y uso de esta planta en las ceremonias realizadas por los rarámuri que acuden al lugar.

Uno de los sitios en que el peyote es recolectado en el desierto Chihuahuense está amenazado por la extracción indiscriminada de esta planta por personas ajenas al ejido y al pueblo rarámuri, para fines distintos a los ceremoniales.

La propuesta de declaración del jíkuri como patrimonio cultural tangible e intangible de los rarámuri ha sido entregada al Instituto Chihuahuense de la Cultura (ICHICULT) que envió la propuesta al gobierno federal, que a su vez lo encaminó a la UNESCO.

Mientras se obtiene la respuesta de UNESCO, a nivel local se trabaja con el municipio en donde se encuentran parte de los sitios de recolección existentes en el desierto chihuahuense. Además, los rarámuri de Choréachi, han iniciado un proceso de diálogo con los ejidatarios en el que se ubica el cerro a donde acuden a realizar las ceremonias de recolección y curación. Afortunadamente estos ejidatarios, los cuales son mestizos en condiciones de pobreza, han mostrado mucho respeto y comprensión hacia los indígenas.

La ceremonia de raspa del jíkuri o peyote es de suma importancia para los y las rarámuri ya que forma parte de su cultura desde antes de la llegada de los españoles a estas tierras. Choréachi es de los poquísimos pueblos de la Sierra Tarahumara que aún conserva fuerte esta tradición.

El cactus del peyote es recolectado en el desierto por varias comunidades indígenas que llegan desde la sierra, con una periodicidad que varía desde anualmente hasta cada siete años. A pesar de la prohibición establecida por la iglesia católica en el siglo XVII al ritual y ceremonias asociadas al peyote, la tradición sigue viva.

 
 
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